Es curioso que siempre andemos pidiendo a la vida justo aquello que no nos puede dar. Pedirle a la vida seguridad es tan absurdo como pretender que un sistema basado en el cambio permanezca estático.
Las seguridades que necesitamos son diversas. Por ejemplo, queremos seguridad de que siempre mantendremos nuestros bienes y nadie ni nada atentará contra ellos; seguridad de que siempre estaremos sanos; seguridad de que conservaremos eternamente nuestro trabajo… y para lograr estar seguros hacemos lo que haga falta. Por ejemplo, yo llegué a vivir en una casa en la que tenía que utilizar cinco llaves y una clave desde que llegaba al portal hasta que por fin podía entrar en mi piso. (Aun así hubo algún robo en el edificio).
Creo que la necesidad de seguridad correlaciona claramente con el autoritarismo (tanto de izquierdas como de derechas). Los grados de libertad personales que uno está dispuesto a entregar (al estado, a la iglesia, al orden, al líder, etc.) están en función del grado de autoritarismo de la persona. Los regímenes autoritarios se suelen basar en verdades inmutables y absolutas, de hecho algunos dictadores suelen alegar que su autoridad proviene de Dios, y por lo tanto todo aquel o aquello que cuestiona o ataca las creencias sobre las que se basa la seguridad que proporcionan las verdades inmutables es rechazado como el mismísimo demonio. Las personas autoritarias necesitan líderes que les den seguridad. Esta es la razón de que tantas personas tengan miedo a lo relativo. Lo relativo no es seguro, no tranquiliza. La probabilidad siempre es insegura.
Si lo relativo da miedo, el cambio produce directamente pánico. El cambio supone acabar con mi parcela de seguridad en aras de lo desconocido. Cuanto más apuntalada está mi parcela de seguridad en creencias inmutables, más rechazo me producen todos aquellos que en mi opinión la atacan o directamente quieren cambiar las verdades en las que se basa. Cuanto más autoritaria es una institución o un partido político, más verdades inmutables ofrece, más seguridad vende, más reñido suele estar con lo democrático que se sustenta en el acuerdo, en lo relativo y en el consenso.

1 comentario:
Hemos heredado la seguridad. Nuestros antepasados, esos a los que muchos equivocan con primates siendo hombres como nosotros, nos la han transmitido fologenéticamente. La buscaron ante la necesidad de supervivencia; así, buscaban refugio en los abrigos de las cuevas.
Por tanto, creo que no debemos luchar contra la seguridad, entendida ésta como la que nos permite vivir (sobrevivir).
Ejemplos como asegurar el puesto de trabajo, que a nuestros hijos no les pase nada, ya no mañana, sino nunca, crear reglas rígidas para que otros se sientas seguros en ellas, asegurar que tenemos dinero suficiente para arreglar la casa (quizá dentro de 20 años, son todos ellos excesivos, ya que exceden lo heredado, es decir, van más allá de la "supervivencia"; son ejemplos que nos hablan de evitar el miedo, evitar el reto, evitar la incomodidad. Parece que buscamos la felicidad constante, estar bien siempre, sin problemas, sin complicaciones, sin cambios imprevistos (y los previstos, sencillitos).
Ya podemos acostumbrarnos a que la vida es un cambio, y que si no partipamos de ese cambio, e incluso lo impulsamos, entonces moriremos (aunque estemos vivos).
Un abrazo, y muchas gracias por la reflexión, Julio.
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