lunes, 28 de mayo de 2007

Las Elecciones y el Triunfo

El día después de unas elecciones, como las que acabamos de celebrar, los partidos políticos, los comentaristas radiofóncos y la prensa en general, se afanan por ver quién ha ganado. Lo que normalmente sucede es que nadie ha perdido, porque los resultados suelen dar pie a infinidad de posibles interpretaciones.

En mi opinión, lo importante no es quién ha ganado, sino cómo gestionará el triunfo el que lo ha obtenido.

Hay muchas personas que me comentan su temor a las mayorías absolutas. De por sí, una mayoría absoluta no tendría por qué ser perjucicial para nadie, pero un triunfo, por muy abrumador que este haya sido, sin capacidad de negociación, es una derrota para la sociedad, aunque permita gobernar en mayoría.

Volvemos a los temas de artículos anteriores, gobernar contra alguien no es gestionar la democracia.

Cuando en el discurso de políticos o empresarios oigo hablar de: armas para dialogar, vencer a los contrarios, aplastar a los enemigos, desterrar el diálogo (con quien sea), etc. estoy seguro de que tendremos, si gana, sea quien sea, un periodo oscuro.

La mayoría absoluta ha sido sistemáticamente utilizada para tratar de aniquilar al adversario y con eso sólo se ha logrado fortalecerle para que cuando éste llegue al poder se sienta legitimado para hacer lo mismo.

La mayoría absoluta debería ser la mejor herramienta de diálogo desde la fortaleza que da la confianza absoluta de los ciudadanos y éstos solo deberían otorgársela a aquellos que entienden la política como el arte de negociar para alcanzar acuerdos.

Cuando uno no tiene capacidad de negociación, porque sus ideas no la permiten, resulta la paradoja de que el vencedor pasa a la oposición y se lamenta de que siendo el partido más votado no puede gobernar, pero la culpa no hay que buscarla fuera, sino en la rigidez de unas ideas que se han llevado a extremos que no permiten alcanzar acuerdos con ninguna otra fuerza política.

Negociar, sin renunciar a lo fundamenteal de nuestros programas, es el arte de alcanzar acuerdos y eso se le olvida frecuentemente a los políticos.

viernes, 25 de mayo de 2007

Sobre la Proactividad y los Principios

Hay otro punto en la teoría de S. Covey (al que admiro) que me gustaría comentar, es la creencia de que existen unos principios que son patrimonio de la humanidad, que no son aprendidos, que forman parte de nuestro “legado”, y que no podemos traicionar. Estos principios, según él, no son relativos, no dependen de las circunstancias, son absolutos. Si uno actúa en contra de esos principios, actúa en contra de su condición humana.

Si esto fuera así, si estos principios fueran universales e innatos, nuestra conducta volvería a ser reactiva, volvería a estar determinada por la genética, lo que nos restaría capacidad de libre elección en nuestra búsqueda de la felicidad. Cualquier principio es aprendido, es muy fácil llamar psicótico a aquel que parece no tenerlos.

¿Robin Hood era un psicótico, no conocía la honradez, o la había aprendido de forma que le permitía robar? Si existe un principio universal que dice: “No robarás”, (quinto mandamiento de la ley de Dios) ¿debo dejar que la gente muera de hambre antes que saquear graneros repletos?

Uno sabe cuando está haciendo algo mal, algo que va contra lo que él aprendió y solo tendrá conciencia de haber hecho algo malo cuando traspase esos límites.

“No matarás” para algunas personas significa no matar ningún ser vivo bajo ninguna circunstancia. Para un lama tibetano matar una mosca significaría una inmensa culpa y una gran pena. Los norteamericanos sin embargo, sientan en la silla eléctrica a personas, o les aplican inyecciones letales creyendo firmemente preservar unos valores y unos principios de justicia.

No solo los valores sino también los principios son aprendidos y cada persona y cada pueblo los interpretan según sus creencias. El problema aparece cuando sienten que los traicionan según la interpretación que de ellos hacen.

A veces pienso que el único principio universal y absoluto es el que dice: “no hagas a nadie aquello que no te gustaría que te hicieran a ti”. ¿Y si alguien quisiera matarme, me dejaría matar, antes que defenderme y matar yo? Cristo lo hizo, Buda lo hubiera hecho ¿lo haría yo? ¿Sería lo correcto pensando en plan evolutivo? ¿Qué genes deberían sobrevivir?

¿Significa todo esto que la relatividad de los principios es absoluta? Por otro lado ¿significa que somos esclavos de nuestros aprendizajes, que no podemos evolucionar?


sábado, 19 de mayo de 2007

Sobre la Proactividad y el Autocontrol

La palabra "proactividad" está ya hace tiempo de moda en los círculos de consultoría, sobre todo cuando se habla de liderazgo. Desgraciadamente, y como en muchos otros casos en este campo, la mencionada palabra no existe en ningún diccionario de lengua española.


Según Covey, las personas proactivas toman sus decisiones en base a valores, claramente seleccionados y meditados. No lo hacen en base a las circunstancias, la genética o los condicionamientos. Según él la conducta está en función de las decisiones, no de las condiciones.

Pienso que nuestra conducta está en función del resultado de nuestras decisiones o elecciones. Si nuestras elecciones están fundamentadas únicamente en los resultados que obtenemos a corto plazo, tendremos problemas. Si sólo nos fijamos en el placer que nos proporcionan ciertas conductas o la evitación de males o disgustos que obtenemos al hacerlas, sin tener en cuenta lo que sucede a más largo plazo, podemos parecer reactivos y sufriremos las consecuencias.

Lo que está claro es que no podemos separar las acciones de las consecuencias, no podemos querer hacer la acción, pero que no suceda la consecuencia, y normalmente las consecuencias positivas a corto plazo, suelen invertirse a medio o largo plazo y viceversa: Lo que a corto plazo es placentero o nos evita disgustos, a largo plazo puede y suele ser muy negativo.

Las personas proactivas toman por tanto sus decisiones en base a las consecuencias a medio o largo plazo de sus conductas y muestran con ello un autocontrol que las personas reactivas no tienen, o sea son capaces de esperar para alcanzar el objetivo que se han propuesto, y soportar con ese fin en mente, los inconvenientes, disgustos o privaciones que a veces conlleva elegir en función de lo que sucederá más adelante.

Está capacidad, según Albert Bandura, produce cultura y hace que unos individuos o grupos humanos, puedan tomar ventaja sobre otros.

Para explicar esto, no hace falta recurrir a conceptos como los valores, que muchas veces son explicaciones a posteriori de conductas que observamos y que no siempre, además, son una explicación válida.

Tomemos por ejemplo una persona que se cuida. Hace deporte regularmente, evita las grasas saturadas, reduce la ingesta de calorías y come proteínas e hidratos de carbono en una proporción adecuada. Ante el estímulo “Tarta de Chocolate”, no da la respuesta inmediata de comérsela, sino que utiliza lo que Covey denomina “capacidad o libertad de elección” y que según él está entre el estímulo y la respuesta. Esto sucedería porque esta persona “proactiva” elige en función de un valor, seleccionado y meditado, que en este caso sería la salud.

Creo que hay muchas explicaciones para ello, en las que los valores no tienen por qué estar presentes. Una, por ejemplo, sería el miedo, que no es un valor, sino una emoción negativa. El comportamiento “saludable” de esa persona puede deberse al miedo de contraer enfermedades crónicas en su vejez y por tanto es capaz de guiar su comportamiento y tomar sus decisiones en base a las consecuencias a largo plazo que tendría para ella comer la tarta de chocolate, por muy placentero que fuera a corto plazo.

Otra sería el desprecio que la sociedad muestra a las personas obesas, y por tanto, nuevamente el miedo, esta vez al rechazo, lo que según Covey sería más propio de una persona dependiente y reactiva.

Creo por tanto que lo que Covey llama proactividad, no es más que la capacidad de tomar decisiones en base a las consecuencias reforzantes a largo plazo de la conducta, lo que en psicología se conoce desde hace muchos años como autocontrol.

(Mis amigos entendidos, Luis González, me han dicho que escribo demasiado, que hay que publicar artículos más cortos. Por tanto, la próxima semana seguiremos con este tema.)