sábado, 19 de mayo de 2007

Sobre la Proactividad y el Autocontrol

La palabra "proactividad" está ya hace tiempo de moda en los círculos de consultoría, sobre todo cuando se habla de liderazgo. Desgraciadamente, y como en muchos otros casos en este campo, la mencionada palabra no existe en ningún diccionario de lengua española.


Según Covey, las personas proactivas toman sus decisiones en base a valores, claramente seleccionados y meditados. No lo hacen en base a las circunstancias, la genética o los condicionamientos. Según él la conducta está en función de las decisiones, no de las condiciones.

Pienso que nuestra conducta está en función del resultado de nuestras decisiones o elecciones. Si nuestras elecciones están fundamentadas únicamente en los resultados que obtenemos a corto plazo, tendremos problemas. Si sólo nos fijamos en el placer que nos proporcionan ciertas conductas o la evitación de males o disgustos que obtenemos al hacerlas, sin tener en cuenta lo que sucede a más largo plazo, podemos parecer reactivos y sufriremos las consecuencias.

Lo que está claro es que no podemos separar las acciones de las consecuencias, no podemos querer hacer la acción, pero que no suceda la consecuencia, y normalmente las consecuencias positivas a corto plazo, suelen invertirse a medio o largo plazo y viceversa: Lo que a corto plazo es placentero o nos evita disgustos, a largo plazo puede y suele ser muy negativo.

Las personas proactivas toman por tanto sus decisiones en base a las consecuencias a medio o largo plazo de sus conductas y muestran con ello un autocontrol que las personas reactivas no tienen, o sea son capaces de esperar para alcanzar el objetivo que se han propuesto, y soportar con ese fin en mente, los inconvenientes, disgustos o privaciones que a veces conlleva elegir en función de lo que sucederá más adelante.

Está capacidad, según Albert Bandura, produce cultura y hace que unos individuos o grupos humanos, puedan tomar ventaja sobre otros.

Para explicar esto, no hace falta recurrir a conceptos como los valores, que muchas veces son explicaciones a posteriori de conductas que observamos y que no siempre, además, son una explicación válida.

Tomemos por ejemplo una persona que se cuida. Hace deporte regularmente, evita las grasas saturadas, reduce la ingesta de calorías y come proteínas e hidratos de carbono en una proporción adecuada. Ante el estímulo “Tarta de Chocolate”, no da la respuesta inmediata de comérsela, sino que utiliza lo que Covey denomina “capacidad o libertad de elección” y que según él está entre el estímulo y la respuesta. Esto sucedería porque esta persona “proactiva” elige en función de un valor, seleccionado y meditado, que en este caso sería la salud.

Creo que hay muchas explicaciones para ello, en las que los valores no tienen por qué estar presentes. Una, por ejemplo, sería el miedo, que no es un valor, sino una emoción negativa. El comportamiento “saludable” de esa persona puede deberse al miedo de contraer enfermedades crónicas en su vejez y por tanto es capaz de guiar su comportamiento y tomar sus decisiones en base a las consecuencias a largo plazo que tendría para ella comer la tarta de chocolate, por muy placentero que fuera a corto plazo.

Otra sería el desprecio que la sociedad muestra a las personas obesas, y por tanto, nuevamente el miedo, esta vez al rechazo, lo que según Covey sería más propio de una persona dependiente y reactiva.

Creo por tanto que lo que Covey llama proactividad, no es más que la capacidad de tomar decisiones en base a las consecuencias reforzantes a largo plazo de la conducta, lo que en psicología se conoce desde hace muchos años como autocontrol.

(Mis amigos entendidos, Luis González, me han dicho que escribo demasiado, que hay que publicar artículos más cortos. Por tanto, la próxima semana seguiremos con este tema.)

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