El día después de unas elecciones, como las que acabamos de celebrar, los partidos políticos, los comentaristas radiofóncos y la prensa en general, se afanan por ver quién ha ganado. Lo que normalmente sucede es que nadie ha perdido, porque los resultados suelen dar pie a infinidad de posibles interpretaciones.
En mi opinión, lo importante no es quién ha ganado, sino cómo gestionará el triunfo el que lo ha obtenido.
Hay muchas personas que me comentan su temor a las mayorías absolutas. De por sí, una mayoría absoluta no tendría por qué ser perjucicial para nadie, pero un triunfo, por muy abrumador que este haya sido, sin capacidad de negociación, es una derrota para la sociedad, aunque permita gobernar en mayoría.
Volvemos a los temas de artículos anteriores, gobernar contra alguien no es gestionar la democracia.
Cuando en el discurso de políticos o empresarios oigo hablar de: armas para dialogar, vencer a los contrarios, aplastar a los enemigos, desterrar el diálogo (con quien sea), etc. estoy seguro de que tendremos, si gana, sea quien sea, un periodo oscuro.
La mayoría absoluta ha sido sistemáticamente utilizada para tratar de aniquilar al adversario y con eso sólo se ha logrado fortalecerle para que cuando éste llegue al poder se sienta legitimado para hacer lo mismo.
La mayoría absoluta debería ser la mejor herramienta de diálogo desde la fortaleza que da la confianza absoluta de los ciudadanos y éstos solo deberían otorgársela a aquellos que entienden la política como el arte de negociar para alcanzar acuerdos.
Cuando uno no tiene capacidad de negociación, porque sus ideas no la permiten, resulta la paradoja de que el vencedor pasa a la oposición y se lamenta de que siendo el partido más votado no puede gobernar, pero la culpa no hay que buscarla fuera, sino en la rigidez de unas ideas que se han llevado a extremos que no permiten alcanzar acuerdos con ninguna otra fuerza política.
Negociar, sin renunciar a lo fundamenteal de nuestros programas, es el arte de alcanzar acuerdos y eso se le olvida frecuentemente a los políticos.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

4 comentarios:
Todavía no he visto a ningún político que, ni ganando, se pregunte a sí mismo ¿qué puedo mejorar? ¿cómo lo haré?, los principios de mejora continua están en los papeles y en las mentes los de "qué hacer para derrotar o desprestigiar al otro".
Me gusta tu reflexión!!
Esta tarde recibía de un amigo Valenciano este comentario: "En este país estamos todos los que pensamos que la vida es justicia, cooperación, igualdad y tantas cosas que podría poner, muy deprimidos por los resultados electorales del domingo", y lo justificaba con los resultados electorales de un ayuntamiento "bien gestionado en Urbanismo, en "educación y cultura" - me consta algún proyecto de "Ciudad Educadora" muy interesante en dicha Ciudad -, etc, que ha dado la vuelta hacia una mayoría del PP.
Y yo un poco atrevido le he respondido: Estimado amigo T., comparto tus sentimientos/emociones , tu rabia sobre el hecho de que la gente no utilice un poco mejor la inteligencia impregnada de reflexiones con sentido y en base a valores de presente y futuro, para que sus decisiones electorales permitan/ faciliten el que podamos vivir "mejor"? una gran mayoría de ciudadanos desde el gobierno de la honestidad inteligente.// Se lo aplicamos a los partidos mayoritarios solo; de los dos mayoritarios a uno más que a otro?
Julio, por cierto, "chapó por las reflexiones".
Publicar un comentario