domingo, 15 de julio de 2007

La Felicidad

El otro día, en una boda y en una amena charla con los amigos con los que compartíamos mesa, entre copas, surgió el tema de la felicidad.

Me preguntaron en qué consistía, en mi opinión, la felicidad, cómo se podía ser feliz. Les comenté entonces los trabajos de Csikszentmihalyi, evitas decir aquello de que la felicidad es la ausencia de dolor, pero tampoco dices nada muy diferente.

En los estados de "flujo", de plena concentración, que es donde según ese autor se gesta la felicidad, no hay dolor posible. Cuando uno está plenamente concentrado en algo, cuando "la mente está ordenada", que diría otra autora que os recomiendo, Domínguez, de nombre mucho más pronunciable (teneis un link a su blog que tiene precisamente ese título) es poco probable que aparezca el dolor.

El enemigo de la felicidad por tanto es el desorden, el desorden mental, la confusión y comentábamos el otro día que esta sociedad occidental en la que vivimos parece estar diseñada para producir desorden mental.

La publicidad trata de convencernos de que la felicidad está en alcanzar ese producto exclusivo, aquel viaje de ensueño, el coche de alta gama, o la casa de lujo que sin duda nos harán felices. No está ahí la felicidad.

Pero ¿está en un piso de 40 metros cuadrados, un utilitario ramplón, las vacaciones en Benidorm, o no compres eso que es muy caro? Tampoco.

Ninguna circunstancia externa (exceptuando aquellas que hacen menos posible los estados de flujo: pérdidas de seres queridos, enfermedades, etc.) tiene por qué producir depresiones o felicidad. Un viaje puede ser maravilloso o una pesadilla, depende de en qué se ocupe nuestra mente mientras lo realizamos.

Estar en el trabajo mientras pensamos lo bien que estaríamos en casa, o lo poco gratificante que es lo que hacemos; estar en la playa mientras pensamos lo bien que estaríamos en la montaña (como nosotros queríamos); llevar un reloj carísimo mientras pesamos que nos lo pueden robar (o llevar uno normal mientras pensamos que uno de trescientas mil nos haría felices); tener cuatro millones de euros mientras pensamos que deberíamos tener seis , o que nos podemos arruinar (o llegar con lo justo a fin de mes mientras nos reconcome la ira pensando lo injusto que esto es); tener salud pero tener pánico a perderla: esos son los problemas.

El presente es el único tiempo sano y pasa muy deprisa, es como el agua de un grifo entre los dedos. Se convierte en pasado antes de que podamos disfrutarlo si no estamos atentos.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Que bueno hasta ahora no había tenido tiempo de leerlo, nos lo pasamos bien, pero al final nos cortaron el rollo. O sea, resumiendo la felicididad es vivir el momento, pues cuando te quieras dar cuenta estas muerto.

lyly dijo...

Tan tópico, tan sencillo, tan complejo:

AUTORES CLÁSICOS:

dum loquimur, fugerit invida
aetas: carpe diem, quam minimum credula postero.

Horacio, Odas, I, 11, 7-8

Mientras hablamos, huye el envidioso tiempo. Aprovecha el día, y no confíes lo más mínimo en el mañana.

Anónimo dijo...

Me ha gustado mucho tu artículo, Julio.Estoy muy de acuerdo contigo. Yo también creo que la felicidad es tomar la vida de una forma estoica e intentar disfrutar de lo que se tiene y no imponernos deseos.

Anónimo dijo...

Muy buena reflexión Julio. Cuántas fórmulas sobre la "Felicidad" se escriben; incluso libros; algunos de ellos por autores reconocidos en el mundo de la Psicología.
Y qué más dan las puñeteras fórmulas si no somos capaces de estar centrados/ordenados y de vivir el presente, como tu dices. ¿Por qué no intentar tener una actitud alegre, "un poquito alegre" en algún momento del día?. Hacer algo habitual, pero con alegría. Por ejemplo, hablar con nuestra pareja, como hacemos todos los días, pero con un poco o un poco más de alegría; o disponernos a trabajar con un talante alegre. Parece que dependemos de lo externo para encontarnos "alegres" o "felices"; pero lo externo pasa. Lo que queda somos nosotros. De nosotros depende la alegría y todo lo demás.