lunes, 29 de octubre de 2007

Sobre la Alienación y el Cambio

Según el diccionario de la Real Academia, en su acepción psicológica, la Alienación es un Estado mental caracterizado por una pérdida del sentimiento de la propia identidad.

Hegel primero y Marx más tarde utilizaron ya este concepto como pilar para explicar y/o desarrollar sus ideas filosóficas. Yo no quiero reflexionar ahora sobre la enajenación religiosa, política o económica (en el sentido marxista) quiero hacerlo con respecto a la relación del hombre con su entorno y con los cambios que en él se producen.

Cuando venimos al mundo, lo hacemos en un entorno determinado y nuestra vida es un intento continuo de adaptación al medio, somos parte y a la vez, transformamos el medio en el que vivimos. Somos hijos de nuestra época, tanto como de nuestros padres.

Aunque la vida es un mar en continuo cambio, no en todas las épocas se producen ni la misma cantidad de cambios, ni los que se producen tienen el mismo calado. Quiero decir que no todos producen modificaciones de la misma importancia, ni requieren de los mismos conocimientos para llegar a comprenderlos y/o dominarlos.

Mi suegro que ahora tiene 77 años fue, hasta su jubilación, uno de los mejores herreros artesanos de Extremadura, muchas de sus obras quedarán para siempre en diferentes lugares de la provincia de Cáceres. A lo largo de su vida tuvo, como todos, que asistir y asimilar diferentes transformaciones: del fuego, el hierro y el mazo al aluminio y la soldadura autógena. Un cambio significativo que supuso una transformación grande en la profesión, pero asimilable.

Hoy, en el siglo XXI, los cambios no son tan benevolentes. El mundo en el que vivimos es cada vez más extraño para todos aquellos que no somos ingenieros y para los mismos ingenieros también. Cuanto más cambio, más especialización y menos comprensión de todo aquello que queda fuera de nuestra pequeña parcela de conocimiento.

Los cambios que generamos como especie van haciendo que al igual que nuestros padres mueren, muera también el medio en el que crecimos y se convierta en algo extraño, con utensilios y tecnologías que en parte, llegamos a saber utilizar, pero que no entendemos.

Llegamos así a perder nuestra identidad y nuestra razón de ser como individuos, como seres humanos. Decía Ortega aquello de: yo soy yo y mi circunstancia. Creo que cuando las transformaciones llegan a alterar por completo nuestra circunstancia, a superar toda nuestra capacidad de adaptación, no podemos seguir siendo, el tiempo del que somos hijos muere y al menos intelectualmente, nosotros también morimos.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

No sé si lo entiendo, por lo que no sé si estoy de acuerdo...

Es cierto. El mundo cambia. Cambia muy deprisa en algunos aspectos, y quizá no tanto en otros. Cambian rápidamente las tecnologías, e incluso (hasta cierto punto) el pensamiento científico. Algunos cambios tecnológicos nos afectan directamente y cambian nuestras costumbres (ejemplo: los móviles, los ordenadores personales...). Otros cambios no son tecnológicos (las televisiones, la obsesión por el ocio, la ansiedad, el bombardeo de información, el capitalismo globalizado y rampante...)

Y quizá la velocidad de cambio provoque que muchos se rindan, pierdan interés por entender el mundo, se refugien en su visión del mundo....

Pero, ¿es irremediable?: En absoluto. Todos, o casi todos los niños del siglo 21 se desenvuelven sin problemas en un mundo que cambia rápidamente, a pesar de que es sabido que el nivel educativo medio es penoso. Hoy, auténticos descerebrados, analfabetos funcionales, manejan sin problemas iPods y teléfonos móviles, juegan a juegos de realidad virtual, se conectan a Internet para opinar sin descanso (y muchas veces sin el más minimo sentido común) en blogs y foros sobre fernando alonso y los devenires de Raúl... Son ciudadanos de la aldea global, que diría McLuhan (aunque quizá indocumentados :-)

Y si ellos pueden, ¿por qué no podemos todos? ¿qué hace que cerremos nuestra curiosidad, nuestra capacidad de aprender, nuestra capacidad de olvidar esquemas mentales obsoletos y asimilar los nuevos? ¿la edad?: Absurdo.

¿Cómo puede ser que el cambio nos haga perder nuestra identidad? Quizá no sea el cambio, sino simplemente nuestra inercia mental, esa a la que nos agarramos desesperadamente, esa que un día hizo que dejásemos de jugar porque "eso es cosa de chicos", esa que nos amuerma todos los días horas y horas delante de una televisión, la que nos hace indulgentes con nuestra propia pereza.

En resumen: El cambio tecnológico no nos aliena. Nos alienamos nostros sólos.

Cerberó dijo...

Estoy de acuerdo con que la tecnología de por sí no aliena, pero produce las más rápidas y profundas transformaciones, de modo que tiene la capacidad de acabar con nuestro entorno más deprisa que nuestra capacidad de adaptación. ¿Qué harán esos niños, hijos de su tiempo, que dominan la tecnología actual, dentro de 30 o 40 años?
A medida que envejecemos la capacidad de introducir datos nuevos empeora (y supongo que la de los descerebrados más)aunque nuestra capacidad de relacionar los que manejamos mejore.