viernes, 29 de junio de 2007

La Democracia y el Cambio Climático

Primero quiero dar las gracias a todos aquellos que desde América o Europa encontráis un rato para leer los artículos que semanalmente publico. Gracias especiales a todos los que escribís comentarios. (Ya no hace falta registrarse para hacerlo).

Antes de volver a la gestión del tiempo que es uno de los temas que más comentarios suscitó, tanto en el blog como por e-mail, quiero aprovechar el optimismo que me generó pensar que hay ciertos medios informáticos que inevitablemente (espero) terminarán por imponerse y que contribuirán a la democratización de instituciones y empresas para relacionar, nuevamente, la democratización, esta vez, con la solución al problema del cambio climático.

Todos los expertos señalan que independientemente de lo que los gobiernos hagan (y algunos siguen sin hacer nada, mientras otros empiezan la casa por el tejado) la solución pasa por lo que lleguen a hacer los ciudadanos.

De los combustibles fósiles, el que más poluciona es, con gran diferencia, el carbón y, por tanto, la mayoría de las centrales eléctricas que utilizan este combustible para su funcionamiento. Luego el petróleo: los gasóleos y las gasolinas; y en último lugar el gas.

Tenemos después un grupo de combustibles que en sí no polucionan, pero que en su fabricación interviene, de una forma u otra el petróleo y que por tanto casi no merece la pena lo que nos ahorramos en emisiones de CO2.

La energía atómica no poluciona, es limpia, pero genera demasiados problemas de residuos y es muy peligrosa si no se controla bien.

Finalmente tenemos energías limpias renovables: la eólica y la solar. Todas ellas con algunos problemas (menores y solucionables: son intermitentes, pueden matar aves…).

Los gobiernos pueden gastar en I+D, facilitar la reconversión de medios de producción, gravar el uso de determinadas energías y facilitar otras… Para todo ello tendrán que luchar contra intereses creados y lobbies poderosos que se resistirán, tratarán de retrasar medidas, etc. Pero estos grupos de presión no van a poder evitar fácilmente la acción ciudadana.

Nadie puede impedir (y si favorecer) que instalemos paneles solares, células fotovoltaicas, que utilicemos bombillas de bajo consumo, que compremos un coche híbrido, que exijamos energía eléctrica verde y que escribamos a favor de todo ello.

Lo mejor de estas medidas es que democratizan el uso y la producción de energía. Todos podemos llegar a ser productores a pequeña escala y por tanto nos hacen más fuertes frente a las grandes empresas que controlan precios y formas de hacer y van logrando que el cambio a favor de Gaia sea inevitable.

Pienso por tanto que con el uso de las nuevas tecnologías (informáticas y energéticas) nos jugamos nuestra supervivencia y la del mundo que conocemos, y el futuro de la democracia.

No podemos retasar este tipo de medidas pensando que todavía tenemos mucho tiempo o que el cambio no nos afectará a nosotros (qué nos importan los osos polares u otras especies: nosotros sobreviviremos). Quiero recordar el poema de Martin Niemöller:

Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas,

guardé silencio,

porque yo no era comunista,

Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,

guardé silencio,

porque yo no era socialdemócrata,

Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,

no protesté,

porque yo no era sindicalista,

Cuando vinieron a buscar a los judíos,

no protesté,

porque yo no era judío,

Cuando vinieron a buscarme,

no había nadie más que pudiera protestar.

Gaia es un todo, estamos interconectados, pereceremos o nos salvaremos juntos.

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