domingo, 24 de junio de 2007

Lo Absoluto y la Negociación

Las verdades absolutas, la necesidad de que exista algo que siempre sea verdad o mentira, bueno o malo, blanco o negro, es algo que muchas personas o instituciones tienen. El relativismo es difícil de llevar para mucha gente, aunque la vida se empeñe en enseñarnos lo contrario.

Normalmente la necesidad de lo absoluto correlaciona con varias características. Organizaciones jerarquizadas, autoritarias o que son portadoras de verdades reveladas. También correlaciona con el miedo. Cuanto más miedo o inseguridad tiene una persona, mejor abraza las teorías que proponen verdades absolutas en las que refugiarse y se siente fácilmente amenazada en cuanto, en su opinión, se ponen en riesgo estas verdades.

No es mi intención descalificar a estas organizaciones o personas, pero sí quiero comentar las dificultades que pueden aparecer cuando se ven involucradas en negociaciones, y todo el mundo tiene que negociar en algún momento de su existencia, o más probablemente todos los días.

La flexibilidad, la negociación por intereses, alejada de rígidas posiciones, es muy complicada para estas organizaciones o personas. Suelen tender con mucha más facilidad a los llamados modelos soviéticos: “lo mío es mío y lo tuyo es a repartir.”

En estos días estamos asistiendo a un pulso entre los obispos españoles y el gobierno, centrado esta vez, en una asignatura: “Educación para la ciudadanía”. Los obispos se oponen a que esta asignatura se imparta por muchas razones, entre ellas consideran que:

  • · Atenta contra valores absolutos que ellos defienden de la única manera que consideran aceptable o posible.
  • · Sostienen que adoctrina, que forma conciencia moral.

Pero el problema, en mi opinión, no es la doctrina (curiosamente ellos llevan siglos adoctrinando, impartiendo juicios morales y sentenciando), sino unos valores, que piensan contrarios a los suyos, y que consideran que defienden el relativismo moral y por tanto contrarios a los dogmas que defienden.

Detrás de todo esto hay miedo, en mi opinión, injustificado. Si estás en posesión de la verdad, no debería ser tanto problema que alguien quisiera, sin atentar contra tu capacidad de expresar tus ideas, sostener las suyas. Pero la verdad es que el número de estudiantes que eligen Religión como asignatura va en continuo descenso 5 a 6 puntos menos que hace tres años.

También hay miedo a perder influencia y dinero. Nuevamente creo que poco justificado. Los acuerdos entre el Gobierno y la Conferencia Episcopal son un claro ejemplo de negociaciones que se llevaron mal y en las que los ejemplos de “negociación a la soviética” están más claros. Por ejemplo los obispos son los que deciden a la hora de contratar o despedir a los profesores de religión católica. Sostienen, no sin razón, que un profesor de religión no puede llevar una vida privada contraria a lo que enseñan y que si no es así hay que despedirlos (esto debería ser igual para los sacerdotes). Lo curioso es que si los tribunales declaran el despido como improcedente, el que paga la indemnización al profesor despedido no es el obispado, sino el estado. (Lo mío es mío y lo tuyo es a repartir).

El miedo, la rigidez y la posesión de verdades son impedimentos para negociar, y la tentación a recurrir a presiones o amenazas es muy grande.

3 comentarios:

Luis dijo...

prueba

Anónimo dijo...

prueba de comentario anónimo

Anónimo dijo...

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