lunes, 29 de octubre de 2007

Sobre la Alienación y el Cambio

Según el diccionario de la Real Academia, en su acepción psicológica, la Alienación es un Estado mental caracterizado por una pérdida del sentimiento de la propia identidad.

Hegel primero y Marx más tarde utilizaron ya este concepto como pilar para explicar y/o desarrollar sus ideas filosóficas. Yo no quiero reflexionar ahora sobre la enajenación religiosa, política o económica (en el sentido marxista) quiero hacerlo con respecto a la relación del hombre con su entorno y con los cambios que en él se producen.

Cuando venimos al mundo, lo hacemos en un entorno determinado y nuestra vida es un intento continuo de adaptación al medio, somos parte y a la vez, transformamos el medio en el que vivimos. Somos hijos de nuestra época, tanto como de nuestros padres.

Aunque la vida es un mar en continuo cambio, no en todas las épocas se producen ni la misma cantidad de cambios, ni los que se producen tienen el mismo calado. Quiero decir que no todos producen modificaciones de la misma importancia, ni requieren de los mismos conocimientos para llegar a comprenderlos y/o dominarlos.

Mi suegro que ahora tiene 77 años fue, hasta su jubilación, uno de los mejores herreros artesanos de Extremadura, muchas de sus obras quedarán para siempre en diferentes lugares de la provincia de Cáceres. A lo largo de su vida tuvo, como todos, que asistir y asimilar diferentes transformaciones: del fuego, el hierro y el mazo al aluminio y la soldadura autógena. Un cambio significativo que supuso una transformación grande en la profesión, pero asimilable.

Hoy, en el siglo XXI, los cambios no son tan benevolentes. El mundo en el que vivimos es cada vez más extraño para todos aquellos que no somos ingenieros y para los mismos ingenieros también. Cuanto más cambio, más especialización y menos comprensión de todo aquello que queda fuera de nuestra pequeña parcela de conocimiento.

Los cambios que generamos como especie van haciendo que al igual que nuestros padres mueren, muera también el medio en el que crecimos y se convierta en algo extraño, con utensilios y tecnologías que en parte, llegamos a saber utilizar, pero que no entendemos.

Llegamos así a perder nuestra identidad y nuestra razón de ser como individuos, como seres humanos. Decía Ortega aquello de: yo soy yo y mi circunstancia. Creo que cuando las transformaciones llegan a alterar por completo nuestra circunstancia, a superar toda nuestra capacidad de adaptación, no podemos seguir siendo, el tiempo del que somos hijos muere y al menos intelectualmente, nosotros también morimos.

viernes, 19 de octubre de 2007

El autoritarismo, el miedo al cambio y la seguridad.

Decía un profesor mio de las años de universidad que la seguridad es la mayor necesidad de occidente.

Es curioso que siempre andemos pidiendo a la vida justo aquello que no nos puede dar. Pedirle a la vida seguridad es tan absurdo como pretender que un sistema basado en el cambio permanezca estático.


Las seguridades que necesitamos son diversas. Por ejemplo, queremos seguridad de que siempre mantendremos nuestros bienes y nadie ni nada atentará contra ellos; seguridad de que siempre estaremos sanos; seguridad de que conservaremos eternamente nuestro trabajo… y para lograr estar seguros hacemos lo que haga falta. Por ejemplo, yo llegué a vivir en una casa en la que tenía que utilizar cinco llaves y una clave desde que llegaba al portal hasta que por fin podía entrar en mi piso. (Aun así hubo algún robo en el edificio).


Creo que la necesidad de seguridad correlaciona claramente con el autoritarismo (tanto de izquierdas como de derechas). Los grados de libertad personales que uno está dispuesto a entregar (al estado, a la iglesia, al orden, al líder, etc.) están en función del grado de autoritarismo de la persona. Los regímenes autoritarios se suelen basar en verdades inmutables y absolutas, de hecho algunos dictadores suelen alegar que su autoridad proviene de Dios, y por lo tanto todo aquel o aquello que cuestiona o ataca las creencias sobre las que se basa la seguridad que proporcionan las verdades inmutables es rechazado como el mismísimo demonio. Las personas autoritarias necesitan líderes que les den seguridad. Esta es la razón de que tantas personas tengan miedo a lo relativo. Lo relativo no es seguro, no tranquiliza. La probabilidad siempre es insegura.


Si lo relativo da miedo, el cambio produce directamente pánico. El cambio supone acabar con mi parcela de seguridad en aras de lo desconocido. Cuanto más apuntalada está mi parcela de seguridad en creencias inmutables, más rechazo me producen todos aquellos que en mi opinión la atacan o directamente quieren cambiar las verdades en las que se basa.

Cuanto más autoritaria es una institución o un partido político, más verdades inmutables ofrece, más seguridad vende, más reñido suele estar con lo democrático que se sustenta en el acuerdo, en lo relativo y en el consenso.

miércoles, 10 de octubre de 2007

La Conversación

Dice mi amigo Dionisio Cañas, poeta ex-neoyorquino, que la mejor obra de arte es una buena conversación y el otro día comiendo con un amigo, éste me comentaba lo mucho que echaba de menos conversar. Si consideramos la conversación como una obra de arte, que además debe ser realizada por dos o varias personas en armonía, no es extraño que podamos tener tan pocas conversaciones.

Hace falta, para conversar, no tener miedo, confiar en el otro, escuchar sin interrumpir, respetar las opiniones de los demás, e intervenir sólo cuando uno tiene realmente algo que aportar y esas condiciones se dan en pocas ocasiones. Estamos llenos de miedos, confiamos en poca gente (no solo en su buena voluntad, sino también en su capacidad), son pocos los que logran escuchar sin interrumpir tratando de imponer sus ideas y hablar por hablar es un deporte nacional. Si alguien tiene alguna duda sobre estos dos últimos puntos, sólo tiene que sentarse un rato ante el televisor o escuchar alguna de las tertulias radiofónicas, que más que conversaciones parecen competiciones.

Nos preguntábamos también, en la conversación que manteníamos, cuáles serían las razones que llevaban a alguien a escribir y mantener un blog y apuntábamos que quizás tienen algo que ver con el deseo de conversar. De hecho uno tiene que apartar sus miedos y exponerse al juicio ajeno, confiando en que los lectores tendrán buena voluntad y escribir sólo cuando uno cree tener algo que aportar o surge el deso de debatir sobre un tema. El blog por otra parte te asegura que no serás interrumpido mientras escribes y podrás exponer tus ideas hasta el final y que por tanto, al menos en ese punto, serás respetado.

Parece por tanto que el blog puede ser un medio de conversación, sobre todo naturalmente si los lectores se animan a escribir sus opiniones, puesto que un monólogo no es una conversación.

La última pregunta que nos podríamos hacer sería la de si los blogs son obras de arte.

domingo, 15 de julio de 2007

La Felicidad

El otro día, en una boda y en una amena charla con los amigos con los que compartíamos mesa, entre copas, surgió el tema de la felicidad.

Me preguntaron en qué consistía, en mi opinión, la felicidad, cómo se podía ser feliz. Les comenté entonces los trabajos de Csikszentmihalyi, evitas decir aquello de que la felicidad es la ausencia de dolor, pero tampoco dices nada muy diferente.

En los estados de "flujo", de plena concentración, que es donde según ese autor se gesta la felicidad, no hay dolor posible. Cuando uno está plenamente concentrado en algo, cuando "la mente está ordenada", que diría otra autora que os recomiendo, Domínguez, de nombre mucho más pronunciable (teneis un link a su blog que tiene precisamente ese título) es poco probable que aparezca el dolor.

El enemigo de la felicidad por tanto es el desorden, el desorden mental, la confusión y comentábamos el otro día que esta sociedad occidental en la que vivimos parece estar diseñada para producir desorden mental.

La publicidad trata de convencernos de que la felicidad está en alcanzar ese producto exclusivo, aquel viaje de ensueño, el coche de alta gama, o la casa de lujo que sin duda nos harán felices. No está ahí la felicidad.

Pero ¿está en un piso de 40 metros cuadrados, un utilitario ramplón, las vacaciones en Benidorm, o no compres eso que es muy caro? Tampoco.

Ninguna circunstancia externa (exceptuando aquellas que hacen menos posible los estados de flujo: pérdidas de seres queridos, enfermedades, etc.) tiene por qué producir depresiones o felicidad. Un viaje puede ser maravilloso o una pesadilla, depende de en qué se ocupe nuestra mente mientras lo realizamos.

Estar en el trabajo mientras pensamos lo bien que estaríamos en casa, o lo poco gratificante que es lo que hacemos; estar en la playa mientras pensamos lo bien que estaríamos en la montaña (como nosotros queríamos); llevar un reloj carísimo mientras pesamos que nos lo pueden robar (o llevar uno normal mientras pensamos que uno de trescientas mil nos haría felices); tener cuatro millones de euros mientras pensamos que deberíamos tener seis , o que nos podemos arruinar (o llegar con lo justo a fin de mes mientras nos reconcome la ira pensando lo injusto que esto es); tener salud pero tener pánico a perderla: esos son los problemas.

El presente es el único tiempo sano y pasa muy deprisa, es como el agua de un grifo entre los dedos. Se convierte en pasado antes de que podamos disfrutarlo si no estamos atentos.

jueves, 5 de julio de 2007

La Negociación y el Fútbol

Hace años, cuando el famoso culebrón del fichaje de Ronaldo, el señor Valdano dijo (o la prensa dijo que había dicho) que esto nunca se sabe, que las negociaciones con el Inter se habían llevado mediante el Modelo Harvard de Negociación.

A los que utilizamos este modelo y lo enseñamos en los seminarios que impartimos sobre negociación, nos extrañó por muchas razones (se utilizaron presiones, se jugó con el tiempo, hubo regateos, etc., acciones que no forman parte del modelo) pero al no estar al tanto de la intrahistoria, no tengo por qué dudar de lo que se dijo.

En estos días asistimos a otro culebrón: el del señor Schuster y su fichaje por el Real Madrid. En esta ocasión sí que estamos asistiendo a lo que según el Modelo Harvard jamás debería hacerse.

Como muchos sabéis, este modelo se basa en cuatro principios:
  1. Centrarse en Intereses
  2. Buscar múltiples soluciones
  3. Separar a las personas del Problema
  4. Utilizar Criterios objetivos

Al parecer en el contrato que el señor Schuster tenía firmado con el Getafe existía una cláusula por la cual si el entrenador quería rescindir su contrato unilateralmente, para entrenar a un equipo "grande", debía abonar una cantidad de más de 400.000 €.

Hasta aquí todo bien, pero en este momento entra en juego el tercer punto del modelo: "Separe a las personas del problema" y entonces vemos como todo se complica.

El señor Torres (presidente del Getafe) como tiene una magnífica relación con el señor Schuster le dice que no hay problema y que no exigirá ni un duro, si alguien del Real Madrid le llama y le comenta que quieren a Schuster como entrenador. Primera vez que se vulnera el principio. (Por una buena relación se dejarían de ingresar 400.000€ para el Club).

El Real Madrid, cuyo presidente se lleva muy mal con el señor Torres, (o el señor Torres con él, o ambas cosas a la vez) dice que no tiene por qué llamar a nadie, y que si el señor Schuster no se desliga del Getafe no entraría en sus planes, ya que el Real Madrid nunca negocia con entrenadores que tienen contrato en activo. Esto naturalmente no es cierto (lo hace el Madrid y cualquier club). La verdadera razón de no llamar vuelve a ser "no separar a las personas del problema".

Es muy penoso ver a hombres "hechos y derechos" portándose como críos y tratando de culparse los unos a los otros, echándose en cara culpas, desprecios, dimes y diretes, y poniendo en juego dineros e intereses que no son suyos, sino de socios o sociedades y dañando a veces a personas que se ven atrapadas en medio de tan lamentables espectáculos.

Consolémonos: el fútbol es sólo un juego...pero...¿No sucede esto también en la política? ¿La política también es un juego? ¿Y, en qué liga jugamos?

Os dejo a vosotros las respuestas.

martes, 3 de julio de 2007

La Urgencia y sus Instrumentos

En un post anterior sostenía que no tener tiempo, o mas bien, ”vivir en la urgencia”, hace que muchas personas se sientan importantes (que no felices). Como consultor de empresas y formador tengo algunas pruebas para sostener mi teoría.

Hace años, en los cursos, había que hacer pausas cada dos horas, para que los asistentes salieran a fumar. Los había que no eran capaces de aguantar ni un minuto más. Como hace tiempo que se sabe que la práctica espaciada es mejor que la intensiva, hacer esas pausas, venía bien a todo el mundo, no sólo a los fumadores.

Hoy día las cosas han cambiado. Ya hay muchos menos fumadores (aunque quizá más fumadoras), pero las pausas hay que seguir haciéndolas. No para que los asistentes asimilen mejor los contenidos o para que fumen, sino para que puedan hablar por el móvil. La adicción al móvil es un hecho, y los adictos, como los adictos al alcohol, al tabaco o a otras drogas, justifican su adicción con múltiples argumentos. En este sentido siempre recuerdo un episodio con una de mis sobrinas que había venido a pasar unos días con nosotros por navidades como todos los años. Antes de acostarme, fui a apagar todos los teléfonos, como hago siempre. Nunca olvidaré su cara de pánico cuando vio que iba a apagar el suyo (tenía, creo 13 años). No lo consintió: “¡Alguien podía llamarla durante la noche!”

Tampoco logro hoy que los asistentes a los cursos apaguen sus móviles durante la hora y media o dos horas hasta las pausas. Algunos lo hacen, pero la mayoría lo ponen en silencio y sus cerebros se reparten, con evidente dificultad, entre atender y participar en el curso por un lado y vigilar con un ojo su aparato por si llama alguien al que no pueden atender, como mucho, hora y media más tarde. Esto, aparte de la importancia que le otorgan a la formación en las empresas, es un claro síntoma de muchos problemas: Mala delegación, ausencia o falta de comprensión del trabajo en equipo (entre otros, que comentaremos en posteriores artículos) y/o de la adicción a lo urgente.

El teléfono es, por naturaleza, urgente. En las mesas de las aulas de formación, en las de los restaurantes y cafeterías, en los despachos, ya no se ven, afortunadamente, cajetillas de tabaco; se ven, formando parte de los cubiertos o del mobiliario, teléfonos móviles esperando una llamada frente a la que casi siempre se actúa como si fuera urgente. (Es muy difícil utilizar bien el dichoso aparato).

Cuando en mitad de un curso a alguien le suena el móvil o, sin haber sonado, sale a toda prisa con él en la mano, los demás asistentes, por lo general, no le miran con pena o enfado, es más, muchos le miran con admiración. Es la prueba de que esa persona es importante. No pueden prescindir de él/ella: "Está en la pomada". Y si sucede la desgracia de que durante las pausas nadie les llama, cuando todos los demás están hablando, son ell@s los que lo hacen, o se sientan solitari@s en algún oscuro rincón del salón, como el arpa de Bécquer.

Lo urgente tiene un componente de excitación fisiológica que es, aunque produzca cansancio, agradable para muchas personas, como ponerse un Red Bull en vena. La relajación y el silencio, para muchos directivos son difíciles de soportar.

viernes, 29 de junio de 2007

La Democracia y el Cambio Climático

Primero quiero dar las gracias a todos aquellos que desde América o Europa encontráis un rato para leer los artículos que semanalmente publico. Gracias especiales a todos los que escribís comentarios. (Ya no hace falta registrarse para hacerlo).

Antes de volver a la gestión del tiempo que es uno de los temas que más comentarios suscitó, tanto en el blog como por e-mail, quiero aprovechar el optimismo que me generó pensar que hay ciertos medios informáticos que inevitablemente (espero) terminarán por imponerse y que contribuirán a la democratización de instituciones y empresas para relacionar, nuevamente, la democratización, esta vez, con la solución al problema del cambio climático.

Todos los expertos señalan que independientemente de lo que los gobiernos hagan (y algunos siguen sin hacer nada, mientras otros empiezan la casa por el tejado) la solución pasa por lo que lleguen a hacer los ciudadanos.

De los combustibles fósiles, el que más poluciona es, con gran diferencia, el carbón y, por tanto, la mayoría de las centrales eléctricas que utilizan este combustible para su funcionamiento. Luego el petróleo: los gasóleos y las gasolinas; y en último lugar el gas.

Tenemos después un grupo de combustibles que en sí no polucionan, pero que en su fabricación interviene, de una forma u otra el petróleo y que por tanto casi no merece la pena lo que nos ahorramos en emisiones de CO2.

La energía atómica no poluciona, es limpia, pero genera demasiados problemas de residuos y es muy peligrosa si no se controla bien.

Finalmente tenemos energías limpias renovables: la eólica y la solar. Todas ellas con algunos problemas (menores y solucionables: son intermitentes, pueden matar aves…).

Los gobiernos pueden gastar en I+D, facilitar la reconversión de medios de producción, gravar el uso de determinadas energías y facilitar otras… Para todo ello tendrán que luchar contra intereses creados y lobbies poderosos que se resistirán, tratarán de retrasar medidas, etc. Pero estos grupos de presión no van a poder evitar fácilmente la acción ciudadana.

Nadie puede impedir (y si favorecer) que instalemos paneles solares, células fotovoltaicas, que utilicemos bombillas de bajo consumo, que compremos un coche híbrido, que exijamos energía eléctrica verde y que escribamos a favor de todo ello.

Lo mejor de estas medidas es que democratizan el uso y la producción de energía. Todos podemos llegar a ser productores a pequeña escala y por tanto nos hacen más fuertes frente a las grandes empresas que controlan precios y formas de hacer y van logrando que el cambio a favor de Gaia sea inevitable.

Pienso por tanto que con el uso de las nuevas tecnologías (informáticas y energéticas) nos jugamos nuestra supervivencia y la del mundo que conocemos, y el futuro de la democracia.

No podemos retasar este tipo de medidas pensando que todavía tenemos mucho tiempo o que el cambio no nos afectará a nosotros (qué nos importan los osos polares u otras especies: nosotros sobreviviremos). Quiero recordar el poema de Martin Niemöller:

Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas,

guardé silencio,

porque yo no era comunista,

Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,

guardé silencio,

porque yo no era socialdemócrata,

Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,

no protesté,

porque yo no era sindicalista,

Cuando vinieron a buscar a los judíos,

no protesté,

porque yo no era judío,

Cuando vinieron a buscarme,

no había nadie más que pudiera protestar.

Gaia es un todo, estamos interconectados, pereceremos o nos salvaremos juntos.

domingo, 24 de junio de 2007

La Web 2.0, la democracia y los Partidos Políticos

Este post, a mi me gusta más artículo, está dedicado a Luis González, un tipo muy inteligente y mi manager en el ciberespacio, o en la blogsphera.


Los instrumentos llamados Web 2.0 son sin duda la mayor revolución democrática desde la constitución de los EEUU. Ya veremos por tanto en qué acaban. Esto de la democracia es algo que produce pánico. A lo más que han llegado las empresas más avanzadas es a una especie de tutela informatizada tipo despotismo ilustrado.

Ahora bien las empresas en todo caso son dueñas de regirse por los medios que consideren más adecuados, pero los partidos políticos no deberían serlo. En teoría son los garantes de la democracia y todos se jactan de ello.

Los que conocemos estas instituciones de cerca, por militar o haber militado en alguna de ellas, sabemos que no hay nada más lejos de la realidad. Ya en los años ochenta-noventa (siglo pasado) las estructuras de comunicación de los partidos estaban obsoletas. La tradicional "agrupación" no tenía el menor sentido como lugar de debate e información. Los militantes de base, normalmente debían esperar a que uno de los miembros de su directiva informara, para debatir, sobre algún asunto que todos conocían desde días antes por la prensa. Y la información que el informante daba, solía estar sesgada según la "familia"a la que perteneciera. Era penoso.

Pero lo peor es que la información siempre circulaba de arriba a abajo. Ningún canal no establecido y férreamente controlado era admisible. Esto me temo que sigue igual. Las páginas Web de los partidos no llegan a ser ni 1.5. La información que se transmite es elaborada, controlada y difundida de arriba a abajo.

Si de verdad a los partidos les interesa la democracia tienen ahora una oportunidad única de demostrarlo mediante wikis, blogs y demás instrumentos que permiten elaborar, transmitir y difundir ideas, pero claro la democracia implica tener que escuchar y quizás incorporar contenidos y críticas de simples militantes que no tienen tiempo para malgastarlo en reuniones manipuladas en las que los resultados se han pactado previamente, o se saben de antemano.

A pesar de todo si los partidos quieren ser verdaderamente democráticos y no desperdiciar tanto conocimiento como lo hacen, no tendrán más remedio que echarle valor y utilizar estas nuevas tecnologías.

Lo Absoluto y la Negociación

Las verdades absolutas, la necesidad de que exista algo que siempre sea verdad o mentira, bueno o malo, blanco o negro, es algo que muchas personas o instituciones tienen. El relativismo es difícil de llevar para mucha gente, aunque la vida se empeñe en enseñarnos lo contrario.

Normalmente la necesidad de lo absoluto correlaciona con varias características. Organizaciones jerarquizadas, autoritarias o que son portadoras de verdades reveladas. También correlaciona con el miedo. Cuanto más miedo o inseguridad tiene una persona, mejor abraza las teorías que proponen verdades absolutas en las que refugiarse y se siente fácilmente amenazada en cuanto, en su opinión, se ponen en riesgo estas verdades.

No es mi intención descalificar a estas organizaciones o personas, pero sí quiero comentar las dificultades que pueden aparecer cuando se ven involucradas en negociaciones, y todo el mundo tiene que negociar en algún momento de su existencia, o más probablemente todos los días.

La flexibilidad, la negociación por intereses, alejada de rígidas posiciones, es muy complicada para estas organizaciones o personas. Suelen tender con mucha más facilidad a los llamados modelos soviéticos: “lo mío es mío y lo tuyo es a repartir.”

En estos días estamos asistiendo a un pulso entre los obispos españoles y el gobierno, centrado esta vez, en una asignatura: “Educación para la ciudadanía”. Los obispos se oponen a que esta asignatura se imparta por muchas razones, entre ellas consideran que:

  • · Atenta contra valores absolutos que ellos defienden de la única manera que consideran aceptable o posible.
  • · Sostienen que adoctrina, que forma conciencia moral.

Pero el problema, en mi opinión, no es la doctrina (curiosamente ellos llevan siglos adoctrinando, impartiendo juicios morales y sentenciando), sino unos valores, que piensan contrarios a los suyos, y que consideran que defienden el relativismo moral y por tanto contrarios a los dogmas que defienden.

Detrás de todo esto hay miedo, en mi opinión, injustificado. Si estás en posesión de la verdad, no debería ser tanto problema que alguien quisiera, sin atentar contra tu capacidad de expresar tus ideas, sostener las suyas. Pero la verdad es que el número de estudiantes que eligen Religión como asignatura va en continuo descenso 5 a 6 puntos menos que hace tres años.

También hay miedo a perder influencia y dinero. Nuevamente creo que poco justificado. Los acuerdos entre el Gobierno y la Conferencia Episcopal son un claro ejemplo de negociaciones que se llevaron mal y en las que los ejemplos de “negociación a la soviética” están más claros. Por ejemplo los obispos son los que deciden a la hora de contratar o despedir a los profesores de religión católica. Sostienen, no sin razón, que un profesor de religión no puede llevar una vida privada contraria a lo que enseñan y que si no es así hay que despedirlos (esto debería ser igual para los sacerdotes). Lo curioso es que si los tribunales declaran el despido como improcedente, el que paga la indemnización al profesor despedido no es el obispado, sino el estado. (Lo mío es mío y lo tuyo es a repartir).

El miedo, la rigidez y la posesión de verdades son impedimentos para negociar, y la tentación a recurrir a presiones o amenazas es muy grande.

sábado, 23 de junio de 2007

Contribuciones de un Amigo

Mi amigo Pepe, no pudo escribir su comentario en el Blog, pero como sé que es un conglomerado de ideas estupendas (irónicas, curiosas, poco inteligibles...) lo transcribo.

Sobre

"El cambio climático y la miopia.

A mi parecer el problema no son los

humos

sino los numerosos humanos.

Parece que la genética nos impulsa a espolvorear nuestros genes de manera que se reproduzcan por doquier, lo que hace que el número de humanos crezca exponencialmente.

Los de nuestra especie sobreviven a base de comerse el mundo. Consumimos energía efectivamente y, sobre todo, a los demás pobladores de Gaia, pero sólo unas escasas especies, las más rentables. Así poblamos el mundo de cereales de vacas y ahora lubinas ...

Pero no hay manera de satisfacer a la triunfante y numerosa especie humana. Mediante técnicas cada vez mas sofisticadas extraemos del mundo más y más energía barata y la gastamos cada vez más rápido.

Moriremos de éxito como especie. Conviviremos con los ganadores: insectos, hongos, virus, bacterias y demás victoriosas especies.

¿Quién parará el plan genético que nos impulsa?

¿Quizás el autocontrol? ¿Nuevos valores sociales que no nos lleven al crecimiento de la población? Nosotros los humanos estamos por la salvación y protección de cada uno de los miembros de la especie.

Dicen algunos psicólogos que ya que no podemos ganar a la genética de los poco ilustrados y, por tanto, difícilmente conseguiremos que se frene la reproducción voluntaria y planificada, deberíamos colaborar con la genética. Dígaselo al gobierno chino.

Los humanos que tienen propiedades y, en general, los llamados “reforzadores secundarios”, controlan su comportamiento reproductivo. Parece que tener propiedades hace comprender a los humanos que hay que reproducirse menos para lograr el mismo objetivo: que nuestros genes se esparzan por el mundo.

Se tiene éxito reproductivo, si nuestra prole tiene para comer y para mucho más que comer ...

Así que, como no consigamos que todo el mundo sea rico, los pobres proliferarán. Lástima que los de Israel no se hayan dado cuenta.

Así que ¿humos o humanos?

La firma es Santamas"

miércoles, 20 de junio de 2007

El Cambio Climático y la Miopía

Ya he escrito sobre el cambio climático. También sobre el comportamiento humano y la tendencia de estos seres (los humanos) a despreciar o no tener en cuenta las consecuencias de sus conductas, o más bien a no atender a las consecuencias a largo plazo de lo que hacen (o dejan de hacer).

Es como si los humanos fuéramos miopes y no pudiéramos ver lo que queda más allá de dos metros de distancia. Si tan solo fuera una miopía podría arreglarse, pero me temo que la cosa es más grave.

Quizá el fallo está en nuestros mismos genes, o en nuestros mecanismos de aprendizaje que no terminan de evolucionar.

En mis seminarios explico muchas veces que la reacción de estrés fue adaptativa hace muchos miles de años, cuando la supervivencia dependía de tener éxito en el enfrentamiento o la huida, pero esa misma reacción actualmente ya no genera más que problemas (no podemos huir de nuestros jefes o enfrentarnos a ellos físicamente).

De la misma forma, atender solo a las consecuencias a corto plazo de lo que hacemos pudo tener premio adaptativo en algún momento de nuestra evolución, aunque es verdad que aprendimos también (pero mucho más recientemente, a hacer ahumados y salazones).

En realidad estoy tratando de encontrar alguna explicación de que continuemos destruyendo a Gaia (nuestro planeta) de la manera irresponsable en la que lo hacemos.

Por más que algunos se empeñen en negarlo, las pruebas del cambio climático son abrumadoras e irrefutables. El dióxido de carbono, en las proporciones que estamos generándolo, nos mata. Hoy han dado la noticia de que China ha arrebatado el primer lugar a EEUU en las emisiones de este gas invernadero (y no es porque EEUU las haya reducido). Una vez más, las consecuencias a corto plazo del supuesto (o real) bienestar que producirá el desarrollo a la occidental que está llevando a cabo el pueblo chino, nublan la evidencia de que este desarrollismo acabará con nosotros en menos de seis décadas.

Todo ello se agrava con aquello de que "si los otros lo hicieron (y lo siguen haciendo) por qué no lo vamos a hacer nosotros".

sábado, 9 de junio de 2007

El Tiempo y La Modernidad

En España tenemos falta de Tiempo. Parece como si los Pirineos actuaran de dique de contención y ejercieran una barrera insalvable de franquear para el tiempo, que al parecer sí tienen en el resto de Europa.

Cómo y cuándo se originó esta incapacidad para generar nuestro propio tiempo es algo que debatiré en profundidad en algún artículo más adelante. Hoy me gustaría fijarme en un aspecto que me preocupa porque podría agravar esta falta de tiempo que sufrimos.

Parece que la falta de tiempo se está convirtiendo en algo que da caché, importancia, sobre todo entre la gente joven pero sobradamente preparada. Es la generación entre los treinta y los cuarenta y tantos (herederos de los famosos ejecutivos agresivos) cuyo rasgo diferencial ya no parece ser la agresividad, sino la eficiencitis aguda que produce y da la imagen de una persona agobiada, crónicamente afectada por la falta de tiempo, pero que es capaz de hacer casi todo a la vez, con el sano fin de hacer cada vez más. Ergo, quien tiene tiempo y no parece agobiado, no debe tener mucho que hacer, no debe ser importante.

Esta particularidad, confundir la eficiencia con la buena gestión del tiempo, se agrava en las empresas modernas, con gente moderna e imagen de modernas. Vease las empresas del sector informático (por ejemplo).

Las empresas dedicadas a la publicidad lo saben y están comenzando a explotarlo. Nos encontramos frecuentemente con anuncios en los que aparecen personas, tanto hombres como mujeres, con sus trajes de chaqueta, elegantes pero modernos, tratando de hacer veinte cosas a la vez, mientras tienen desplegadas las pantallas de sus ordenadores portátiles.

Aquellos que procuramos hacer una cosa detrás de la otra y que encontramos algún rato para dedicarlo, por ejemplo a escribir en este blog, estamos llamados a desaparecer, sobre todo si mientras escribimos, lo único que tenemos sobre la mesa es una botella de agua. Seguro que no somos importantes.

viernes, 1 de junio de 2007

Gaia, la Empresa y la Política

Las únicas aproximaciones que los occidentales hemos hecho o hacemos a la unicidad de la que hablan, por haberla experimentado, los grandes maestros orientales de meditación, provienen de la ciencia, más concretamente de la física y las ciencias exactas.

Una de estas teorías, fue expuesta en 1979 por James Lovelock y actualmente se utiliza para explicar el cambio climático. Lovelock argumentaba que la Tierra era un solo organismo al que llamó Gaia (por la Diosa Griega de la Tierra).

En su teoría Lovelock sostiene que el clima de Gaia no puede ser fruto del azar, sino que se ha mantenido estable a lo largo de los siglos por la contribución de la biodiversidad, del conjunto de especies que conforman su único sistema. De hecho el clima comenzó a estabilizarse cuando comenzaron a proliferar las distintas formas de vida y aparecieron los primeros organismos con esqueletos de carbono y un pequeño plancton que producía conchas. Todo ello atrapaba el dioxido de carbono flotante. Los arrecifes de coral, los primeros bosques, las hierbas, los elefantes... Cada especie ha hecho y hace su contribución a la estabilidad del clima de Gaia, de ese organismo del que todos formamos parte.

Tim Flannery, en su estudio sobre La Amenaza del Cambio Climático, dedica un capítulo a la teoría de Lovelock y hace una cita del libro de este autor que transcribo a continuación:

Debe existir un complejo sistema de seguridad que impida que las especies exóticas, fuera de la ley, acaben evolucionando hasta convertirse en sindicatos desenfrenadamente criminales...
Cuando una especie...produce una sustancia venenosa, podría matarse a sí misma. Si, no obstante, el veneno es más letal para sus competidores, podría conseguir sobrevivir, y con el tiempo adaptarse a su propia toxicidad y producir formas de agente contaminante aun más letales.
De la teoría de Gaia podemos concluir que:
Los organismos forman un todo.
Toda mutilación (desaparición de una especie) afecta al sistema completo.
La visión reduccionista del mundo es la que puede acabar con la vida sobre la tierra.
Volviendo a los temas que ocupan los contenidos de este blog, nos parece evidente que tanto políticos como empresarios, deberían tomar nota de estos hechos.

Si una empresa reduce su biodiversidad, de modo que no aprovecha las individualidades para formar un bloque estable y no tiene en cuenta que sus clientes forman parte de su ecosistema, permitiéndose prescindir de las aportaciones que en forma de quejas o sugerencias hagan tanto sus trabajadores como sus clientes y/o proveedores, estará desatendiendo las señales que pueden llevar a su desaparición. Los ecosistemas siempre avisan antes de que las consecuencias de desatenderlos sean definitivas e irreversibles.

Si nuestros políticos desoyen las quejas del tejido social, o se empeñan en prescindir de aquellas partes que no les gustan, sufrirán las consecuencias en tasas de abstención o abandono de filas.

Los partidos políticos se afanan por mantener estructuras decimonónicas, de espaldas a la evolución social y tecnológica, prescindiendo de todo conocimiento que no pasa a través de sus enquilosados sistemas, como consecuencia sus ecosistemas se resienten, pierden biodiversidad, pierden flexibilidad y juventud y nosotros lloramos porque los jóvenes desprecian la democracia que tanta sangre costó lograr, quedándose en casa el día de las elecciones.

lunes, 28 de mayo de 2007

Las Elecciones y el Triunfo

El día después de unas elecciones, como las que acabamos de celebrar, los partidos políticos, los comentaristas radiofóncos y la prensa en general, se afanan por ver quién ha ganado. Lo que normalmente sucede es que nadie ha perdido, porque los resultados suelen dar pie a infinidad de posibles interpretaciones.

En mi opinión, lo importante no es quién ha ganado, sino cómo gestionará el triunfo el que lo ha obtenido.

Hay muchas personas que me comentan su temor a las mayorías absolutas. De por sí, una mayoría absoluta no tendría por qué ser perjucicial para nadie, pero un triunfo, por muy abrumador que este haya sido, sin capacidad de negociación, es una derrota para la sociedad, aunque permita gobernar en mayoría.

Volvemos a los temas de artículos anteriores, gobernar contra alguien no es gestionar la democracia.

Cuando en el discurso de políticos o empresarios oigo hablar de: armas para dialogar, vencer a los contrarios, aplastar a los enemigos, desterrar el diálogo (con quien sea), etc. estoy seguro de que tendremos, si gana, sea quien sea, un periodo oscuro.

La mayoría absoluta ha sido sistemáticamente utilizada para tratar de aniquilar al adversario y con eso sólo se ha logrado fortalecerle para que cuando éste llegue al poder se sienta legitimado para hacer lo mismo.

La mayoría absoluta debería ser la mejor herramienta de diálogo desde la fortaleza que da la confianza absoluta de los ciudadanos y éstos solo deberían otorgársela a aquellos que entienden la política como el arte de negociar para alcanzar acuerdos.

Cuando uno no tiene capacidad de negociación, porque sus ideas no la permiten, resulta la paradoja de que el vencedor pasa a la oposición y se lamenta de que siendo el partido más votado no puede gobernar, pero la culpa no hay que buscarla fuera, sino en la rigidez de unas ideas que se han llevado a extremos que no permiten alcanzar acuerdos con ninguna otra fuerza política.

Negociar, sin renunciar a lo fundamenteal de nuestros programas, es el arte de alcanzar acuerdos y eso se le olvida frecuentemente a los políticos.

viernes, 25 de mayo de 2007

Sobre la Proactividad y los Principios

Hay otro punto en la teoría de S. Covey (al que admiro) que me gustaría comentar, es la creencia de que existen unos principios que son patrimonio de la humanidad, que no son aprendidos, que forman parte de nuestro “legado”, y que no podemos traicionar. Estos principios, según él, no son relativos, no dependen de las circunstancias, son absolutos. Si uno actúa en contra de esos principios, actúa en contra de su condición humana.

Si esto fuera así, si estos principios fueran universales e innatos, nuestra conducta volvería a ser reactiva, volvería a estar determinada por la genética, lo que nos restaría capacidad de libre elección en nuestra búsqueda de la felicidad. Cualquier principio es aprendido, es muy fácil llamar psicótico a aquel que parece no tenerlos.

¿Robin Hood era un psicótico, no conocía la honradez, o la había aprendido de forma que le permitía robar? Si existe un principio universal que dice: “No robarás”, (quinto mandamiento de la ley de Dios) ¿debo dejar que la gente muera de hambre antes que saquear graneros repletos?

Uno sabe cuando está haciendo algo mal, algo que va contra lo que él aprendió y solo tendrá conciencia de haber hecho algo malo cuando traspase esos límites.

“No matarás” para algunas personas significa no matar ningún ser vivo bajo ninguna circunstancia. Para un lama tibetano matar una mosca significaría una inmensa culpa y una gran pena. Los norteamericanos sin embargo, sientan en la silla eléctrica a personas, o les aplican inyecciones letales creyendo firmemente preservar unos valores y unos principios de justicia.

No solo los valores sino también los principios son aprendidos y cada persona y cada pueblo los interpretan según sus creencias. El problema aparece cuando sienten que los traicionan según la interpretación que de ellos hacen.

A veces pienso que el único principio universal y absoluto es el que dice: “no hagas a nadie aquello que no te gustaría que te hicieran a ti”. ¿Y si alguien quisiera matarme, me dejaría matar, antes que defenderme y matar yo? Cristo lo hizo, Buda lo hubiera hecho ¿lo haría yo? ¿Sería lo correcto pensando en plan evolutivo? ¿Qué genes deberían sobrevivir?

¿Significa todo esto que la relatividad de los principios es absoluta? Por otro lado ¿significa que somos esclavos de nuestros aprendizajes, que no podemos evolucionar?


sábado, 19 de mayo de 2007

Sobre la Proactividad y el Autocontrol

La palabra "proactividad" está ya hace tiempo de moda en los círculos de consultoría, sobre todo cuando se habla de liderazgo. Desgraciadamente, y como en muchos otros casos en este campo, la mencionada palabra no existe en ningún diccionario de lengua española.


Según Covey, las personas proactivas toman sus decisiones en base a valores, claramente seleccionados y meditados. No lo hacen en base a las circunstancias, la genética o los condicionamientos. Según él la conducta está en función de las decisiones, no de las condiciones.

Pienso que nuestra conducta está en función del resultado de nuestras decisiones o elecciones. Si nuestras elecciones están fundamentadas únicamente en los resultados que obtenemos a corto plazo, tendremos problemas. Si sólo nos fijamos en el placer que nos proporcionan ciertas conductas o la evitación de males o disgustos que obtenemos al hacerlas, sin tener en cuenta lo que sucede a más largo plazo, podemos parecer reactivos y sufriremos las consecuencias.

Lo que está claro es que no podemos separar las acciones de las consecuencias, no podemos querer hacer la acción, pero que no suceda la consecuencia, y normalmente las consecuencias positivas a corto plazo, suelen invertirse a medio o largo plazo y viceversa: Lo que a corto plazo es placentero o nos evita disgustos, a largo plazo puede y suele ser muy negativo.

Las personas proactivas toman por tanto sus decisiones en base a las consecuencias a medio o largo plazo de sus conductas y muestran con ello un autocontrol que las personas reactivas no tienen, o sea son capaces de esperar para alcanzar el objetivo que se han propuesto, y soportar con ese fin en mente, los inconvenientes, disgustos o privaciones que a veces conlleva elegir en función de lo que sucederá más adelante.

Está capacidad, según Albert Bandura, produce cultura y hace que unos individuos o grupos humanos, puedan tomar ventaja sobre otros.

Para explicar esto, no hace falta recurrir a conceptos como los valores, que muchas veces son explicaciones a posteriori de conductas que observamos y que no siempre, además, son una explicación válida.

Tomemos por ejemplo una persona que se cuida. Hace deporte regularmente, evita las grasas saturadas, reduce la ingesta de calorías y come proteínas e hidratos de carbono en una proporción adecuada. Ante el estímulo “Tarta de Chocolate”, no da la respuesta inmediata de comérsela, sino que utiliza lo que Covey denomina “capacidad o libertad de elección” y que según él está entre el estímulo y la respuesta. Esto sucedería porque esta persona “proactiva” elige en función de un valor, seleccionado y meditado, que en este caso sería la salud.

Creo que hay muchas explicaciones para ello, en las que los valores no tienen por qué estar presentes. Una, por ejemplo, sería el miedo, que no es un valor, sino una emoción negativa. El comportamiento “saludable” de esa persona puede deberse al miedo de contraer enfermedades crónicas en su vejez y por tanto es capaz de guiar su comportamiento y tomar sus decisiones en base a las consecuencias a largo plazo que tendría para ella comer la tarta de chocolate, por muy placentero que fuera a corto plazo.

Otra sería el desprecio que la sociedad muestra a las personas obesas, y por tanto, nuevamente el miedo, esta vez al rechazo, lo que según Covey sería más propio de una persona dependiente y reactiva.

Creo por tanto que lo que Covey llama proactividad, no es más que la capacidad de tomar decisiones en base a las consecuencias reforzantes a largo plazo de la conducta, lo que en psicología se conoce desde hace muchos años como autocontrol.

(Mis amigos entendidos, Luis González, me han dicho que escribo demasiado, que hay que publicar artículos más cortos. Por tanto, la próxima semana seguiremos con este tema.)

jueves, 26 de abril de 2007

Negociación, Democracia y Empresa

El Diálogo, la Negociación, la Democracia y el mundo Empresarial

En estas últimas fechas, afortunadamente, oímos hablar mucho de diálogo, de "El Diálogo" como forma de resolver desacuerdos o gestionar conflictos en el mundo de la política.

En un país históricamente poco dado a los acuerdos negociados, en el que el espadón, el puñetazo encima de la mesa, la descalificación o el énfasis en las diferencias han sido la norma desde el tiempo de la conquista romana y en el que estos métodos todavía generan en algunos admiración y votos, siempre hay sectores que son dados a hacer chufla de esta vía o a tildar de ingenuos o mentirosos a aquellos que la proponen, atribuyéndoles ocultas y perversas intenciones.

Me gustaría hacer una serie de reflexiones sobre este tema del diálogo y la negociación, basadas, tanto en mi quehacer diario actual como consultor de empresa, como en las experiencias vividas durante mi paso por la administración.

Las diferentes mesas de negociación que se plantean, tanto en el mundo de la política como en el de la empresa, raramente son igualitarias. Las desigualdades se producen muchas veces antes de sentarse a la mesa, en la propia convocatoria.

Vemos entonces directivos o políticos que acuden a las mesas de negociación como carniceros sin piedad o como corderos al matadero. Cuando uno está en la posición de debilidad, si uno no se presenta a la negociación, se lo echarán siempre en cara, y si acude a negociar, ya sabe que no tendrá fuerza para que se tomen en cuenta sus opiniones.

Además, este tipo de mesas desiguales, tienen una especial dificultad y unas particularidades muy concretas. Lo que fundamentalmente las hace desiguales es el Poder de Dominación. Este poder, que sutil o explícitamente planea sobre la mesa, se sustenta en diversas razones: administrativas, jerárquicas, competenciales, económicas, históricas, culturales, basadas en el número de votos o en la posición u opinión mayoritaria dentro de un determinado sistema.

No hay nada peor para sentarse a negociar, que no reconocer que uno está en una de estas mesas desiguales, tanto en la situación de poder como en la contraria, y que debe abordarla con la madurez suficiente si se quieren alcanzar acuerdos que no sean meros parches o sufran de una miopía incapacitante.

La principal manera de hacer las cosas mal desde el lado del poder es la ceguera de ganar a corto plazo, de imponer con facilidad unas tesis no compartidas. Hay reconocidos autores en el campo de la negociación que siguen hablando de dos tipos de negociaciones: las distributivas y las integradoras. Según ellos en las distributivas se da la situación de que uno gana lo que el otro pierde. Bajo nuestro punto de vista, este tipo de negociaciones, aun cuando sean posibles son nefastas a medio o largo plazo. Nunca, se debe ganar a costa de la otra parte, pero tampoco se debe ceder a pretensiones no justificadas y a las posibles intenciones de ganar-perder que la otra u otras partes lleven a la mesa negociadora.

Hay varios factores que determinan el fracaso de las negociaciones en estos escenarios desiguales. Muchas cosas pueden hacerse mal, tanto por parte de aquellos que ostentan el Poder de Dominación, como por parte de aquellos que lo sufren. Hemos dicho que hay varios factores, pero hay uno fundamental para que no se alcancen acuerdos: El Miedo, una de las peores emociones que pueden guiar la conducta humana.

Por parte del que ostenta el poder de Dominación, miedo a perderlo (a que la situación se le escape de las manos), a ejercerlo (y no llegar a alcanzar acuerdos) o a no ejercerlo y que su “audiencia” (aquellos a los que representa), le consideren débil.

Por parte de quien lo sufre, miedo a denunciarlo (a que se rompa la baraja), miedo a tener que pasar de la queja a la responsabilidad (y asumir compromisos que no gusten a su “audiencia”).

Ante esta tesitura, aquellas personas que tienen poder de Dominación y un carácter débil, suelen optar por imponer sus tesis. No negocian, imponen. La imposición suele ser una muestra de debilidad, de miedo.

El miedo, en las negociaciones, debe quedarse en el perchero junto con la gabardina.

En una democracia el gobierno representa el poder que los ciudadanos le han otorgado, pero no debe olvidar que se lo han otorgado para que lo ejerza sin miedo. La debilidad y la cobardía de un gobierno son inversamente proporcionales a su capacidad para dialogar y llegar a acuerdos y directamente proporcionales a sus exabruptos y su intolerancia. Lo mismo sucede en el mundo empresarial.

Si en una negociación se quiere llegar a alcanzar acuerdos válidos y duraderos, uno tiene que tener claro que solo puede ganar con, y no contra, la otra parte. Ese poder que a la parte dominante, le otorga el rango, la competencia, el dinero, “la historia”, la casta o los votos, no debe ser el eje, ni impedir a ninguna de las partes que se llegue a profundizar en los problemas y a tratar todas las cuestiones.

Luego, si se está dispuesto a dialogar; la flexibilidad y la creatividad darán sus frutos y se podrán encontrar, respetando todas las particularidades, los intereses comunes o distintos que justificarán acuerdos, uniones y pactos.